Largo camino he recorrido para llegar a decir esta afirmación, para llegar a vivirla.

Nací en el seno de una familia atea, de ideas izquierdosas, y muy intelectual. Muy lejos de mi enseñanza quedaron los conceptos de Dios, el pecado, la culpa y el infierno.
A falta de pecado, mi madre me inculcó un concepto de conciencia apoyado en la figura de Pepe Grillo, de Pinocho. Recuerdo de pequeña haber imaginado un pequeño grillito al lado de mi oído derecho, diciéndome qué estaba bien y qué estaba mal hacer.

Crecí escuchando comentarios de que Dios no existía, que era un invento humano, y que era primitivo creer en un ser que te vigilaba desde las nubes. Hasta los diez años, nunca escuché rezos, nunca fui a una iglesia, menos a una misa, y la palabra Dios me era profundamente ajena.
A los 10 años me cambiaron a un colegio de monjas alemanas venidas de la guerra… todo por el rendimiento escolar, las notas, los estudios y esas cosas.
¡¡Horror!! Entré a un mundo desconocido de letanías, energías oscuras, que me hacían sentir fuera de lugar, incómoda. Yo no pertenecía ahí.
Como buen colegio católico, empezaron las misas semanales, el ver ritos extraños que no entendía… me sentía profundamente perdida. Eso de la culpa, de las confesiones, los rezos… ¡UF! ¡Tanta oscuridad!
Pero para que no me molestaran las monjas, prefería seguir el juego y copiar todo lo que hacían mis compañeras.

Pasaron 4 años. Hasta que un día descubrí que no era necesario seguir participando de eso, y conseguí permiso para dejar de asistir a misa. Entonces asumí públicamente mi ateísmo. Dejé de hacer la pantomima de persignarme, y dejé de recitar de memoria los rezos que me resultaban sin sentido. Empecé a discutir en clases de religión, a expresar mi opinión y mis sentimientos al respecto. Decidí pensar que eran clases de historia sobre la cultura judeo-cristiana, y que Jesús era una figura política.
Para entonces, ya empezaba a sentir una comunicación especial con la naturaleza. Cuando viajaba y veía paisajes vírgenes, árboles, aves… sentía algo en mi corazón. Sentía que había un orden, una razón profunda de ser, aplicable a todo lo que me rodeaba. No podía definirla, pero la intuía, y me hacía sentir en paz.
Tenía 15 años.

Al ingresar en la universidad, partí en la búsqueda de ese concepto, de esa idea, de esa razón última para todo: ingresé a estudiar licenciatura en física.
Pero me fue mal, no tenía voluntad para estudiar tanto, para encerrarme en libros y ejercicios. Yo… la súper alumna del colegio.

Y empecé a dar tumbos… me cambié de carrera, me fui a algo más amable, que me dejara tiempo y energías para buscar por otros rumbos. Sólo me afirmaba en mi convicción interna de que algún día encontraría la respuesta.
En cada viaje a un pedazo de naturaleza adivinaba algo… pero no alcanzaba a aprehenderlo.
Si me preguntaban si creía en Dios, me declaraba atea. Me negaba a aceptar el concepto de ese dios –sí, lo escribo con minúscula- castigador, vigilante, duro. No era eso lo que andaba buscando.
¿Como un dios castigador podría haber creado la delicadeza de las flores?, ¿la poesía de un arco iris?, ¿la ternura de un recién nacido?
También me negaba a creer en la historia de la resurrección de Jesús.

Año tras año, sentía que me iba acercando a algo… pero iba a paso muy lento.

Leía tanto sobre culturas, sobre chamanismo. En cada práctica de alguna técnica vislumbraba una pequeña chispa. A veces lograba aprehender algo, un orden, una razón, y sobre todo una fuerza inconmesurable. Me sentía profundamente incómoda en las iglesias, en los ritos, los veía tan sin sentido. Pero no tenía nada a cambio, nada de que afirmarme, sólo mi instinto de seguir buscando.
Cuando llegué a los cursos de Luz Dorada, me chocaba que Harold hablara tanto de Jesús. Me parecía ver que estaba contaminado con la religión.

Hasta que un día, en clases de clarividencia…

Harold nos hizo una meditación de ir a hablar con Jesús en la cruz…. ¡UF!… bueno ya.
Fui, hablé con Jesús, le hice unas cuantas preguntas, desde mi punto de vista de estar hablando con un personaje histórico, y nada más.
Y luego le dije que no me creía que él fuera un maestro ascendido del amor… y en ese preciso instante mi mundo se me dio vuelta.
Jesús me envió amor, muuuuuuuucho amor.
Ahí entendí, viví, sentí, experimenté el amor en su más pura esencia.

Abrí los ojos, llenos de lágrimas, y conté mi experiencia. Harold rió a carcajadas, pues vio en mí la sorpresa mayúscula del hallazgo de una hasta entonces “atea”.

Luego me llegaron las canalizaciones de Jesús (www.jeshua.net/esp). Todo lo que leí ahí fue un bálsamo para mi corazón.
De a poco empecé a internalizar una idea, una imagen de una fuerza, de una conciencia máxima, que era la razón de todo. Pero aún me negaba a escribir la palabra dios. Por esos días solía escribirlo di@s. Me hacía eco de las palabras de la Lola Hoffman, de ponerle el nombre que uno quisiera, para no casarse con los conceptos de la sociedad. También le llamaba TODO, al estilo del Kybalión.
Curso tras curso, experiencia tras experiencia, fui asimilando un orden energético, que me hizo percibir y experimentar que somos un pedacito de ese TODO. Ya no desde la razón, sino desde el corazón, el 4º chakra.
También llegó la claridad de entender que la mayoría de las religiones se basan en la creencia de que estamos separados de la divinidad máxima, que colgamos fuera de ella, por alguna clase de culpa que nos condena. Esto jamás me hizo sentido, jamás resonó dentro de mí. No podía ser.

A medida que fui avanzando en los cursos, fui experimentando cada vez más fuerte esa fuerza inconmesurable, esa razón, esa explicación final… ¡que resultó ser amor en su más pura expresión!
Un día, en una de las últimas clases a las que asistí, pedí a Harold que hiciera al revés un dibujo que él solía hacer, con nuestro cuerpo, aura y los varios cuerpos energéticos que tenemos.
En vez de hacer un cuerpo colgando del otro, le pedí que los hiciera concéntricos. El último cuerpo es Dios… ¡estamos incluidos dentro de Dios, somos parte de Dios, y Dios está en medio de nosotros y en todas partes! ¡Nada puede quedar fuera de Dios, pues no existiría!

Cuerpos energéticos
El dios exclusivo y el Dios inclusivo.

¡WOW! Esto lo había leído en un libro años atrás (creo que era Yo soy Anna). Pero ahora ¡¡lo entendí, lo viví, lo sentí, lo experimenté!!
¡Soy parte de Dios, Dios está en medio de mí, y en todas partes!

Unos meses después, en una práctica con alumnos de Luz Dorada, Harold nos hizo la pregunta: ¿dónde está Dios?
La respuesta en mí fue una expansión de amor puro desde mi 4º chakra hacia fuera: ¡EN MEDIO DE MÍ!
En ese preciso momento tomé conciencia plena del profundo cambio ocurrido en mí en estos años. Dios en medio de mí. Y en todas partes.

Por esos mismos días me llegaron los tres libros Conversaciones con Dios, de Neale Donald Walsch, que me ayudaron a ordenar todas las emociones, sensaciones, percepciones, y certezas.

El cambio profundísimo de haberme sentido fuera de todo, a estar dentro de todo, es indescriptible.
Ahora cuando me preguntan si creo en Dios digo: no, no creo en Dios, Dios ES. Está en medio de mí, en medio de tí y en todas partes.

DIOS Y YO, YO Y DIOS SOMOS UNO.

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Dios y yo, yo y Dios somos uno
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14 pensamientos en “Dios y yo, yo y Dios somos uno

  • 11 de febrero de 2009 a las 15:23
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    ¡Felicidades!, saber que es así, estar convencida que es así, no es lo mismo que vivirlo y sentirlo dentro de ti. Todos siendo uno solo, todos partes de Dios y Dios parte de uno…nuevamente felicidades.

  • 17 de febrero de 2009 a las 15:04
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    Que bello!, que profundo, yo he tenido la misma sensación de que formamos parte de esa tremenda energía que es Dios, por ende somos una parte de él, pero algunos en distintas etapas del camino, aprendiendo y purificandonos cada día hasta ser completamente esa energía…
    Felicidades!!! tu relato fue un bálsamo para el alma.

  • 21 de febrero de 2009 a las 14:32
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    Tantos…. con experiencias tan parecidas… viviendo en silencio,…al menos hoy ya comienzan a disiparse las pesadas nubes de la religiosidad dogmática…. y amanece, con la luz de la sincera y pristina espiritualidad que nos une, o más bien nos identifica con el creador, sin dogmas, sin misterios, solo amor infinito…

    Un abrazo.

  • 18 de marzo de 2009 a las 20:22
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    Brujita…

    No sabes el gusto de saber que hay un numero creciente de personas que estén alcanzando este nivel de conciencia.
    Yo descubrí esto hace como un año atrás y me cambió la vida.

    Ya que te diste cuenta de que somos parte de un todo(Dios)… hay que lograr integrar el mundo material con el mundo espiritual y comprender el rol que tenemos en esta evolución.

    Si quieres mandame un correo para seguir profundizando en este tema…

    Suerte in life!!!

  • 20 de mayo de 2009 a las 17:17
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    Bueno, creo que todos hemos experimentado la búsqueda de la verdad (algunos más otros menos), del sentido de la vida, para que existimos de donde venimos y para donde vamos, muchas de esas preguntas no se pueden responder pero creo que en el intertanto de nuestra vida van apareciendo pequeñas pistas, yo a diferencia tuya me crié en una familia profundamente católica pero aún asi a mi me quedaban dudas, habian cosas que no me calzaban y al igual que tu toda la vida me he sentido extraña con los ritos y misas, muchas veces asisto por respeto a mi familia o cuando despido a un ser querido, pero aun no me convence…aunque siento un profundo respeto por las distintas creencias. Un dia me puse a pensar que no es posible que exista armonía en un mundo sin que haya un ente regulador, me explico una semilla no puede germinar solo porque esta bajo tierra y tiene nutrientes, el embrion no puede formarse solo por la union de un ovulo y un espermio habia algo que permitia que eso sucediera a pesar de que se da todo lo necesario…entonces decidi que era energía y que esa energía debía ser Dios. tiempo después encontre un libro precioso para niños (aunque creo que es para todas las edades)que se llama Ami, el niño de las estrellas y comprendí que Dios es la energía pura del amor y no un caballero con barba y túnica…que te apunta con el dedo y está esperando para castigarte…
    Bueno actualmente la vorágine de la vida me ha consumido y me he despegado un poco de mi busqueda espiritual, lo que no significa que no tenga mis inquietudes, pero una vez entenidido (o concebido) mi concepto de Dios, soy feliz.

  • 23 de mayo de 2009 a las 22:10
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    Has leído Conversaciones con Dios? Son tres libros.
    Te los recomiendo 😉

  • 24 de mayo de 2009 a las 22:32
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    EMPECE A LEERLO…A RATOS ME CONFUNDIA UN POCO…QUISIERA TENER MAS TIEMPO PARA LEER…

  • 16 de julio de 2009 a las 16:15
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    me encanto toda esta profundisacion hacer de esto yo soy catolica y todo pero nunca he entendido todo este de donde esta dios y junto con el grafico es bastante entendible mil gracias por compartirlo

  • 17 de julio de 2009 a las 14:48
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    Gracias por escribir tu opinión!

  • 19 de noviembre de 2009 a las 15:59
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    Estimada Vero
    Que lindo como escribes… transmites tanto entusiasmo, me encanta..
    He vivido algo similar a ti, tb educada en el ateismo en mi infancia.. Asi como tu, siempre intui , siempre hubo un cordon dorado. Epocas de aprendizaje, golpes duros, un camino recorrido. Hasta que esa luz tibia entró en mi , esa toma de conciencia de la perfeccion de la vida. No, no puede ser casual.. no puede ser aleatorio. Luego, el trabajo de control del ego, la educacion en el amor. Entonces Dios entra de lleno en la vida, y eso es hermoso. Todo cobra sentido, toda la dispersion se une y la realidad se transforma en UNO.
    muy lindo leerte.. muchos cariños

  • 8 de abril de 2010 a las 13:10
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    Ante varios comentarios que fueron moderados, quiero aclarar que con lo que escribo aquí no me refiero a dios de religión alguna.
    Escribo sobre esa conciencia máxima que es la razón última del universo entero.

  • 9 de febrero de 2011 a las 18:48
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    MI NUEVA CONCIENCIA

    Por. Rey Estrada

    1. Leemos en 1 Juan 4:16 “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios y Dios en él”
    2. Existen dos tipos de conciencia: la conciencia de sí mismo y la conciencia de Dios. No hay nada nuevo en saber que eres humano y colombiano. En este plano conoces todo lo relacionado con la vida y el universo. Te conoces como humano y vives como humano.
    3. ¿Qué es la conciencia? Con-ciencia es con conocimiento. La conciencia es el acto psíquico mediante el cual una persona se percibe a sí misma en este mundo. La conciencia es una propiedad del espíritu humano que incluye aquello que el sujeto conoce.
    4. Pero existe una nueva conciencia que al morir nunca deja de ser y es la nueva conciencia de ser Uno con Dios en espíritu, esencia, tiempo y naturaleza.
    5. El apóstol Juan reveló esa nueva conciencia cuando dijo el que permanece en amor, permanece en Dios y Dios en él, ¿Qué significa la preposición en Dios? Significa que estamos incluidos no excluidos. Que estamos dentro no fuera de Dios.
    6. La expresión de Juan en Dios y Dios en él significa internalización. La nueva conciencia es internalizar. Es la conciencia de creer que no somos un pedacito de Dios, sino que somos uno con Dios.
    7. Casi todas las religiones se basan en la creencia de que estamos separados de la divinidad máxima, que colgamos fuera de ella. Que estamos por ahí, pero no en Dios ni Dios en mí. La expresión en Dios y Dios en él significa que nada puede quedar fuera de Dios. Si algo queda fuera de Dios deja de existir.
    8. Entonces, ¿Dónde está Dios? La nueva conciencia te dice que está en ti y tú en él. En esta nueva conciencia no es asunto de creer en Dios. Es un asunto de que Dios es uno conmigo. Dios y yo, yo y Dios somos uno en el mismo espíritu y a eternidad.

  • 22 de enero de 2013 a las 16:11
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    es maravilloso todo lo que dices estimada Brujilda y muy bonito todo lo que los demás comentan. coopero con algo que me ayudó a confirmar la misma idea; espero les ayude igualmente:
    Juan Capítulo 17

    Jesús ora por sus discípulos

    17:1 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti;
    17:2 como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.
    17:3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
    17:4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.
    17:5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
    17:6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.
    17:7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti;
    17:8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
    17:9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,
    17:10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.
    17:11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.
    17:12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.
    17:13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.
    17:14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
    17:15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
    17:16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
    17:17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
    17:18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.
    17:19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
    17:20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,
    17:21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
    17:22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.
    17:23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
    17:24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
    17:25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.
    17:26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

    un poco largo el texto, pero vale la pena estudiarlo y entenderlo, luego vivirlo y experimentarlo…puede haber millones de opiniones, pero una sola verdad: solo existe Dios y nosotros estamos en él de la misma forma que él está en nosotros…benditos son todos y todo!!!!!!!!

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