«What you believe is what you live». Lo que crees es lo que vives. O «somos aquello en lo que creemos».

Esta frase nos la repetía Harold Moskowitz en los cursos de sanación y clarividencia. Y asumo que lo sigue haciendo.Cada vez que veo a alguien frustrado por algún resultado no esperado, la comparto. Y explico que nuestras creencias profundas -aquellas no conscientes- pesan más en la creación de nuestra realidad que aquellas de afirmación positiva aprendidas de memoria.
Si nuestros padres nos enseñaron a desconfiar, a ser miedosos, esa es la creencia que crea nuestra vida. Si aprendimos que el dinero es sucio, nos boicotearemos una y otra vez, aunque nos repitamos que nos abrimos a la abundancia del universo.
Si el discurso de mi madre era que los hombres son todos infieles, le haré caso, y atraeré sólo ese tipo de hombres a mi vida.
Si me enseñaron a creer en la magia, ella abundará en mi vida. Si me enseñaron que el amor incondicional es la fuerza más potente del universo, permitiré que abunde en mi vida.

El pensamiento positivo por sí solo no resuelve nuestros atascos, pues no desbloquea las creencias de la consciencia profunda.

Sólo nos queda hacer conscientes esas creencias, abrazarlas, abrazarnos a nosotros con ellas… sólo haciendo consciente lo insconsciente podemos transformarlo.

«Lo que resistes persiste; lo que aceptas te transforma», dijo Jung.

 
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Nuestra sombra, nuestra consciencia oculta.
 

 

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«What you believe is what you live»
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