50 años… tenía 8 años aquel día…
Recuerdo que me llevaron a la concentración cuando ganó Allende en 1970, recuerdo los cantos de la campaña… recuerdo el entusiasmo de mis viejos. Cuando empezaron los problemas, la escasez, las JAP, los trabajos voluntarios… amigos de mis viejos llegando a casa diciendo: señora Olga, el golpe viene… las manifestaciones a favor de Allende, la música de Inti-illimani, Quilapayún, Víctor Jara… Illapu, los Parra… aún me sé sus canciones de entonces de memoria.
Y llegó… recuerdo que suspendieron las clases, llegué a mi casa a 1 cuadra y media, mi papá de vuelta del trabajo – en el Banco del Estado central, a un costado de la Moneda- lloraba recostado sobre el manubrio del auto. Faltaba una de mis primas, que vivía al lado, y llegó varias horas después, caminando…
Vecinos saliendo a cantar con la bandera en las manos, quizás entendían menos que yo…
La voz en la radio, lo bandos que se sucedían, uno tras otros, suspendiendo radios, diarios, el toque de queda… los hawker hunter rasantes, ruidos de disparos por todas partes… yo entendí lo que estaba pasando, me di plena cuenta que era gravísimo.
Y llegó el día 13, papá fue en busca de medicamentos para mi hermana epiléptica y deficiente mental. Y no llegó… 18 hrs, empezaba el toque de queda, llegaron tanquetas a casa de vecinos en Villa Macul –no olvido ese sonido en el pavimento, a la luz rosada del sol del ocaso-, uno de ellos andaba con mi viejo, en el auto. Y vi cómo allanaron la casa, y sacaron a varios hermanos con las manos en la nuca, uno de ellos es un detenido desaparecido hoy. Mi tía paterna diciendo de repente: la niña vio todo!
Y vino la angustia… 15 días sin saber si mi padre estaba vivo o muerto. Mi madre soportando balaceras en las afueras del Estadio Nacional… llegaba desfigurada, deshecha, que la Cruz Roja, que recursos de protección, que las garantías internacionales a prisioneros de guerra, que nada servía, no había constitución ni ley que nos rigiera… guerra… nos cuidaban unos tíos mientras ella salía a buscar, a buscar, a buscar.
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En el intertanto… a esconder libros, discos, quemar afiches… pasados unos días… mejor quemar todo, romper todo… recuerdo la hoguera nocturna en un tarro de aceite de 200 lts… libro tras libro, la preciada biblioteca de mi viejo. Disco tras disco de vinilo arrojados contra una muralla, mi hermano mayor y una prima… y yo miraba todo.
Mi madre me daba Valium para dormirme –disponible en casa por mi hermana- para que yo no me diera cuenta de lo que pasaba… nunca resultó… recuerdo TODO.
Me sacaban de casa a menudo, me llevaba un tío… ‘por si llegaban a allanar’, no querían que yo viera.
Y a los 15 días, colgando del toque de queda, llega mi primo, también desparecido… vivo, flaco, desnutrido… había caído con mi padre y un vecino, de aquella casa. Así supimos que mi padre estaba vivo, preso en el Estadio Nacional.
Y siguieron las idas al Estadio de mi madre, y las balaceras, y el sacarme de casa… y el miedo, el miedo, los tanques y tanquetas por las calles, los helicópteros rasantes… hasta el día de hoy me inquietan.
Y el toque de queda… y oh milagro, al día siguiente del golpe sí había mercaderías en las tiendas. Y los niños sin clases, hasta casi un mes después…
Y la campaña para recolectar joyas, y los himnos prusianos en la radio, la censura brutal que duró 17 años… miedo, miedo…espanto… disparos, camiones de milicos por todas partes…
Y llega noviembre, la posibilidad que suelten a mi viejo… pero tuvo un accidente mi tío vecino, y quedamos las dos familias descabezadas, en medio del miedo… y a mi viejo lo relegaron al norte, al campo prisioneros de Chacabuco, cerca de Antofagasta.
Y pudimos escribirnos… llegaban sus cartas, con su letra manuscrita desordenada, de arquitecto… Navidad y Año Nuevo separados… mi hermana enferma casi muere por depresión en su ausencia, era muy apegada a él.
Y un día de enero, llega de vuelta… no he olvidado ese abrazo infinito en la vereda de casa, mi hermano y yo colgados de él… aún lloro a mares al recordarlo…
Tantos otros que no tuvieron ese abrazo de reencuentro.
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Y mi viejo de vuelta contó todo… todo… todo… ante sus hijos y mujer, con dibujos en la pizarra que teníamos. Contó de las torturas, de los simulacros de fusilamiento, de los cuerpos envueltos en alambre de púas en el estadio, de las frazadas, del hambre, de la primera comida con pollo podrido, a los 15 días… de una misa para 2000 presos con 2 hallullas y un tarro de leche condensada… del horror en los pasillos de los camarines, de cuando podían tomar sol en las graderías, de lo que se aconsejaban para resistir los interrogatorios con pentotal… y luego Chacabuco, descubrir su amor a la forja en metal, la misa creada por Ángel Parra, un suicidio, los adolescentes que llegaron allá…
Mi viejo de vuelta en casa… pero el horror siguió… por muchos años. Y seguí viviendo con el miedo a los uniformes, helicópteros, aviones rasantes, ruido de tanques, de disparos… aún le temo a la noche, aún tiendo a vivir con esquema de toque de queda…
Y no se va de las tripas… ese miedo no se va…
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11sept1973 #50años

50 años, con la memoria viva del trauma…
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