La conciencia es dinámica

Cuando dejamos de manipular y de controlar la conciencia nos damos cuenta de que la conciencia no está quieta. Cuando dejamos de dirigirla, quizá descansa un rato; tal vez se vuelve globalmente consciente, de tal forma que puedes asimilarlo todo de golpe con los sentidos. Cuanto más te relajas, normalmente te haces más consciente de la globalidad, sintiendo la totalidad de la experiencia, asimilando todas las cosas y todas las experiencias como un único todo. Pero las cosas pueden cambiar. La conciencia es curiosa por naturaleza. Si te pica un dedo del pie, si sientes algo en un costado o si tienes una contracción en alguna parte, la conciencia probablemente se mueva espontánea y naturalmente hacia esa dirección. La palabra clave es «naturalmente»; la conciencia no se moverá por obligación, sino siguiendo su voluntad de fluir de forma natural. Permitir que todo sea lo que es no genera un estado estático. La conciencia se dirigirá hacia tus pies, hacia el dolor o hacia la tensión. Se desplazará hacia una sensación de alegría. Si escucho un pájaro en el exterior, tal vez me vuelva global espontáneamente y lo asimile todo de golpe. Tal vez sienta una repentina curiosidad hacia el silencio y penetre en él. Permitir que todo sea lo que es genera un entorno mucho más dinámico del sugerido por las palabras. Tú tendrás que descubrir internamente el verdadero significado de esto.
Comprobarás que la conciencia es muy dinámica; tiende a moverse. A veces se detiene y descansa en una profunda sensación de silencio y de quietud. Cuando nos relajamos, permitimos que la conciencia haga lo que quiera. Que vaya donde tenga que ir. Nos damos cuenta de que la conciencia tiene una inteligencia propia. Como meditador, tienes la oportunidad de comprometerte con lo que la conciencia quiera experimentar, con la dirección que quiera tomar, con lo que quiera ver. Estarás comprometido; estarás justo ahí, dispuesto a ir donde la conciencia quiera.

(Meditación auténtica, Adysashanti)

La conciencia es dinámica.